domingo, 29 de enero de 2012

EL SABER, BIEN EN SÍ

"Buscar que de todo conocimiento resulte algo distinto del conocimiento mismo y exigir que sea útil es propio de alguien que ignora totalmente la distancia que desde el principio separa lo bueno de lo necesario. La diferencia, en efecto, es máxima. Pues de las cosas sin las cuales no es posible vivir, las que son amadas con vistas a otra cosa han de denominarse "necesarias", mientras que las que se aman por sí mismas, aunque no se diga ninguna otra cosa, han de considerarse "buenas" en sentido estricto. Sería, pues, totalmente ridículo tratar de encontrar en todo alguna utilidad fuera de la cosa misma y preguntar ¿cuál es nuestra ganancia? y ¿cuál es la utilidad? En verdad, como decimos, un hombre tal no se parece en nada al que conoce lo bello y lo bueno y que sabe distinguir la causa de la causa concomitante.

Y cualquiera vería que esto que decimos es verdad por encima de todo si alguien nos transportara con el pensamiento a las islas de los bienaventurados. Allí, en efecto, nada es de utilidad ni provecho, sino que solamente queda el pensar y el contemplar, algo que incluso aquí decimos que es "una vida libre". Y si esto es verdad ¿no se avergonzaría con razón cualquiera de nosotros que teniendo la oportunidad de vivir en las islas de los bienaventurados fuera incapaz de ello por su propio modo de ser? Ciertamente no es despreciable la recompensa del conocimiento para los hombres, ni pequeño el bien que de él resulta. Así como en el Hades, según dicen los poetas más sabios, recibimos los dones de la justicia, así recibimos los del saber en las islas de los bienaventurados, según parece.

Nada extraño, pues, si el saber no parece útil ni provechoso, pues no decimos que es provechoso, sino "bueno" y que corresponde escogerlo, no por otra cosa, sino por sí mismo. Pues del mismo modo que nos desplazamos a Olimpia por el espectáculo mismo, aun cuando nada resulte de él, ya que el espectáculo vale más que muchos dineros, y contemplamos las Dionisíacas, no porque vayamos a sacar algo de los actores, sino incluso pagando, y preferimos otros muchos espectáculos a mucho dinero, así también la contemplación del Universo ha de tenerse en más que todas las cosas que se consideran útiles. No está bien, en efecto, que se ponga mucho empeño en ir a contemplar a individuos que imitan a mujeres y a esclavos, o que luchan y corren, y que no se piense que merece la pena contemplar la naturaleza y la verdad de las cosas".

Aristóteles; Protréptico. fg.12 de Ross (=W 12)