jueves, 9 de febrero de 2012

APERTURA A LA TOTALIDAD DE LO REAL

La antropología filosófica es una disciplina por sí misma problemática. Como campo a estudiar, como programa a dedicarse, surge en la crisis de los años 30 del siglo XX, a caballo entre las dos guerras mundiales. La mayor crisis de la historia del ser humano, crisis en la que se ha perdido todo lazo comunitario debido a la irrupción brutal de lo económico-técnico. El mundo comunitario de valores y estima, el mundo de la reflexión filosófica o de la estabilidad para el pensamiento ha sido barrido y destrozado por una tradición metafísica idealista al más puro estilo alemán, que eclipsa toda posibilidad de reflexión filosófica verdadera. Pues se pierden los lazos comunitarios entre las sociedades para convertirlos en meras relaciones entre sociedades históricas a modo de relaciones económico-técnicas. En esta crisis, entonces, aparece un problema irresoluble por sí mismo, enteramente e intrínsecamente problemático pero que requiere al mismo tiempo la máxima atención y dedicación para su estudio y clarificación; y ello es la antropología filosófica, el problema de la antropogénesis.

         Porque, qué es el hombre,  es la pregunta antropológica-filosófica por excelencia. Ya en la obra de Max Scheller vemos como es enteramente relevante y no un mero capricho la tesis de que el hombre a diferencia del resto de los animales, aspira a la totalidad de lo real; es el más digno de estima de los seres, el que ocupa un puesto especial en el cosmos. Un ser en el que reside la gracia y la dignidad, aspirante al Mundo como totalidad universal de lo real. Una tesis que no podemos obviar y que sin embargo, al mismo tiempo queda reducida por esa otra teoría fisicalista, reduccionista e idealista, como es la de que el hombre en tanto que animal en el mundo, es un animal más, un bicho más, compuesto por la misma sustancia que el resto de los animales y que simplemente posee otras características distintas a unas garras o fauces.

         Si queremos tratar con el problema de la antropología filosófica debemos empezar por investigar bien qué es eso de una apertura ontológica, qué es eso de la apertura al mundo. Ya los propios animales, en tanto que formas sensorio-motoras, organismos sensibles y motores que se desplazan y se alimentan en sus mundos circunscritos son ya centros de apertura al mundo, a sus mundos entorno. A colación viene la teoría del origen trófico del conocimiento de Ramón Turró (biologo y filósofo). En tanto que los organismos sensorio-motores deben nutrirse, deben desplazarse en virtud de sus propios cuerpos, gracias a sus estructuras morfológicas. Recorriendo las distancias correspondientes para conseguir su alimento, es la forma de abrirse y conformarse a sus mundos circunscritos, a sus mundos entorno. Conocen lo que actúan y actúan lo que conocen. No conocerá lo mismo un gusano de seda que un águila imperial. Conocen y actúan en virtud de sus propios cuerpos y de su propia alimentación. El gusano posee un mundo entorno reducido mientras que el mundo del águila, que puede volar y observar a grandes distancias, es enteramente distinto. Pero ya los animales sensorio-motores son centros de apertura al mundo. En virtud de que son seres con nutrición heterótrofa, pues, sólo allí donde hay desplazamiento para la nutrición hay conocimiento, porque en el desplazamiento se necesita un cuerpo sensitivo y motor que realice dicha nutrición. Los seres autótrofos, como las plantas no poseen cuerpos sensorio motores, ni les es necesario conocer, pues ya están en contacto permanente con la fuente de su nutrición. Los animales en cambio son mucho más groseros y necesitan nutrirse de otros organismos vivos. Se produce una lucha a vida o muerte en el reino animal. Confluyen los mundos entorno de los animales que ya son centros de apertura a sus mundos circunscritos.

         En cambio el hombre si bien parece un bicho más, no es un organismo sensorio-motor que sea una apertura a su mundo entorno. El hombre desborda con mucho su mundo entorno. El hombre es apertura ontológica, apertura a la totalidad de lo real. Hay una dignidad en él, una idea que no es ni mucho menos gratuita. Una apertura ontológica que será en virtud de su cuerpo, de su morfología sensorio-motora que es enteramente distinta a la del resto de los animales. Debemos hacer un círculo hermenéutico a través de la biología, junto a Aristóteles para recuperar esa unidad hilemórfica de cuerpo y alma que nos de la clave para pensar al hombre como apertura no a mundos entorno sino al Mundo, con mayúscula. Porque tenemos una dualidad irreconciliable debido a las tradiciones escolásticas y seculares que tratan al hombre como separado en dos: por un lado el hombre tiene su cuerpo y por otro lado tiene el alma. Alma y cuerpo desconectados. Lo que hace el alma va por un lado y quizá sea lo que aspira a la totalidad de lo real y por otro lado está el cuerpo, aquel aparatoso conjunto grosero de órganos y huesos que es tratado de forma fisicalista y mecanicista desligado enteramente del alma. Por eso es preciso repasar el libro IV del  Acerca del Alma de Aristóteles donde ya vio con una excelencia exquisita el problema. Aristóteles hila tan fino el problema que debido a que toca todas las piezas del puzzle, al final le suena una melodía disonante, poniendo en relieve que estamos ante un problema serio a tratar y que hasta ahora nadie ha sabido abordarlo. Es el tema de la dualidad cuerpo/alma en relación a una antropología filosófica que debe tratar al hombre como aquella apertura a la totalidad universal de lo real.

         En virtud de que el origen del conocimiento es trófico, Aristóteles ya vio que la nutrición es una actividad del alma y no del cuerpo. Puesto que conocer en el hombre es la actividad intelectual más alta del alma humana, el alma es función organizativa y estructural en virtud del organismo sensorio-motor del cuerpo. La organización morfológica, sensitiva y motora está estructurada por la función general del alma. No hay separación del cuerpo y del alma, sino que es una unidad. Lo que hace el cuerpo no es a espaldas del alma y viceversa. Porque el alma en el hombre es la estructura organizativa funcional del cuerpo. Se recupera la unidad hilemórfica. Todo ello en virtud de la acción. No hay acciones, ni pensamientos, ya sean morales o intelectuales sin cuerpo sensorio-motor. No hay acciones sensorio-motoras humanas sin la funcionalidad del alma. Ya vio Aristóteles que los animales también tienen alma, también su organización funcional sensorio-motora es anímica. 

         Pero vayamos a tratar la idea de acción, que se presenta clave en todo el proceso de la antropogénesis. Se hace necesario un estudio del evolucionismo para diferenciar el puesto único del hombre en el cosmos. Cómo, si el hombre es un cuerpo más en el mundo, cómo desborda sus mundos circunscritos para pretender aspirar a un mucho más digno Mundo, a una totalidad de lo real. Cuál es la trascendencia del hombre con respecto al resto de animales. En el estudio de la evolución se ve ya la idea de novedad, pues si bien antes se pensaba en la idea de creación, de origen divino y estable de las especies, la recolecta gigantesca del mundo occidental de tipos de animales, de fósiles, de plantas y las clasificaciones taxonómicas que lleva a cabo, hace ver al hombre que en las especies animales y vegetales hay una evolución, porque hay novedades y divergencias en lo que antes se pensaba que era estable y continuo. A medida que crecen los datos y las clasificaciones de géneros, especies e individuos, se hacen patentes que las diferencias son menos y las similitudes mayores. Cada vez hay más muestras que comparar y comprobar. Se llega así a la conclusión de que es evidente que hay una evolución en la historia, una evolución en la naturaleza, que en determinados casos algunas especies desaparecen y otras siguen adelante, algunos rasgos de algunas especies desaparecen y en otras continúan y se perfeccionan.

         Lamarke introduce una clave precisa para comprender la teoría de la evolución, y es la idea de acción como acción novedosa. Si se conoce en virtud del cuerpo y el cuerpo actúa en virtud de lo que conoce, la idea de acción sensorio-motora adquiere un valor importantísimo, porque la vida implica una lucha constante a vida o muerte. Incluso si dos plantas luchan por un pequeño espacio en el que arraigar sus raíces se produce una competición en donde "unas raíces se comen a las otras" para continuar con su existencia vital. Hasta tal punto el progreso de la vida es una lucha a vida o muerte. Pues bien, Lamarke, a través de la acción novedosa introduce la formación por transformación de las actividades sensorio motoras. Si bien dijo que las novedades corporales se heredaban, se sabe ahora que es falso. Pero ya en lo dicho está la clave de la evolución, una idea totalmente eclipsada por Darwin y que recuperará el biólogo J.Baldwin. Darwin ofrece una teoría de la evolución simplista y tautológica en la que no explica nada porque no dice nada. Efectivamente las especies que se adaptan son las que se reproducen, y las que se reproducen son las que se adaptan, porque se han reproducido. Se reproducen y siguen adelante aquellas especies que se adaptan, pero no dice qué hacen los organismos, no habla de la acción que realizan, parece carecer de importancia la vida misma de los individuos y las acciones que realizan en su propia vida. En Darwin no importa la vida que llevan a cabo los individuos tanto vegetales como animales, la adaptación es una mera casualidad que se adaptará en un entorno u otro, sin modificación del entorno por la acción ni modificación de la acción por el entorno. La idea que recupera Baldwin de Lamarke para completar a Darwin es esa idea de acción novedosa. Lo que se hereda no es la variación en el organismo de un individuo. Lo que se hereda es la acción adaptativa. Lo que se hereda son aquellas conductas que por medio de la acción novedosa se adaptan mejor que otras especies. Es decir, lo que se hereda no es una mutación sin más, sino una conducta activa novedosa que cambia el entorno y que el entorno puede obligar a cambiar dichas acciones para la adaptación. Por ejemplo, si yo hago pesas y me sale moya, la moya no será heredada por mi hijo. Pero la conducta de hacer pesas para ser más fuerte sí puede ser imitada y heredada como adaptación mediante acción novedosa en un entorno determinado. Esta es la clave de la acción novedosa de Lamarke que queda eclipsada en Darwin. Se produce así la formación por transformación de las acciones que varían y  se adaptan las mejores conductas en determinados entornos.

         ¿Qué tiene que ver esto con el hombre como apertura a la totalidad de lo real? Estamos pensando el problema de la antropología filosófica, de la antropogénesis. Esa crisis en la que el hombre es considerado como dual, dividido en dos: en alma y cuerpo. Alma y cuerpo irreconciliables. Pero una vez reunidos en la concepción hilemórfica de Aristóteles con el alma como unidad funcional del cuerpo: ¿cómo el hombre aspira a ser apertura ontológica del Mundo? El hombre aspira a esa totalidad universal en virtud de su cuerpo, que tras una evolución por transformación de acciones novedosas ha configurado su cuerpo y por tanto su unidad racional, su alma, en una figura enteramente especial y diferente a la del resto de los animales. Unas transformaciones que debemos pensar desde que tenemos datos prehistóricos. Hay que empezar a poner el inicio del estudio allí donde al lado de huesos humanos hay objetos (sociedad objetiva). Pues si bien el hombre comenzó viviendo en las cuevas, después se organizó en aldeas, para acabar viviendo en ciudades. Lo que transforma la relación que tiene entre sí mismo y con su entorno. Todo en virtud de lo que hace continuamente con su cuerpo. Hay que estudiar pues aquellas capas que explican la acción y la configuración corporal del hombre.

         La primera capa es la capa técnica y la segunda es la social. Pues nuestra disposición manual con dedo prénsil nos permite “fabricar” objetos, conformando un mundo técnico a nuestro alrededor que nos conforma y orienta continuamente, hasta el punto de que la disposición de dichos objetos conforman una serie de ceremonias cotidianas (una mesa con sillas alrededor y una determinada posición de unos determinados cubiertos configuran cotidianamente la ceremonia, por ejemplo, del desayuno. Que puede ser enteramente distinta en virtud de los objetos utilizados de la de la comida. Y si cambiamos de sala y de objetos podemos ver la conformación de un salón preparado para la intercomunicación o la disposición de unas sillas y mesas enfrentadas para la disposición de una clase). Allí donde hay objetos y no sólo huesos hay ser humano. Ya no sólo tenemos hachas o vasijas, sino clases de hachas y clases de vasijas.El hombre ha ido creando, debido a su morfología corporal, una capa técnica que configura un mundo técnico, objetivo. Así como la condición erguida bipedal, que nos proporciona una mirada levantada hacia el horizonte, una visión amplia configurada  para una buena nutrición del conocimiento. Pues “el hombre es un animal de lejanías”. La composición morfo-sintáctica a través del aparato bucolaringe, que nos permite una comunicación isomórfica para unos con otros y un tercero a distancia. Se forma en segundo lugar la capa social. Todo ello configura una estructura triposicional característica y enteramente clave de lo que es el ser humano. Es decir, lo trascendente del hombre, lo a priori, pero no puro y sí enteramente mezclado, (alejándose de cualquier pretensión metafísica reduccionista) lo que nos permite aspirar a la totalidad de lo real y lo que de más digno hay en nosotros, es la figura del cuerpo. Es nuestra organización corporal estructurada por una función anímica del alma la que nos hace los más dignos de estima. Nuestro cuerpo es lo que nos otorga "el puesto privilegiado en el cosmos". No puede haber nunca un ser racional e intelectual que no posea el cuerpo humano.

         Aristóteles encauza el problema aunque no lo resuelve, porque sigue habiendo disonancia entre la unidad cuerpo-alma; pero deja configurado el camino a recorrer del problema. Ya dice con acierto que en todo hay una parte agente y otra paciente, parte activa y parte pasiva. En el alma humana igual. La parte más alta y exclusiva del hombre es el intelecto. Tenemos el intelecto pasivo (del cual parece no atreverse a decir que es el cuerpo, pero que debe ser el cuerpo) y el intelecto activo. Es el intelecto activo la parte más alta de hombre. Es este intelecto de tal naturaleza que conoce las cosas por sí mismas y en virtud de su propio conocimiento. Un conocimiento, una actividad de conocimiento no mezclada con ningún interés corporal, ni ningún interés más que el conocimiento de las cosas mismas por su propias esencias. El problema entonces es este desbordamiento de las circunstancias del hombre. Si el alma es función del cuerpo, ¿cómo hay algo en el hombre independiente del cuerpo y que aspira a un interés propio? La nitidez del problema visto por Aristóteles queda ahí lista para seguir el camino y su estudio.

         El hombre, ese ser que desde el paleolítico ya actúa novedosamente, empieza a configurar su pretensión de totalidad, en el momento en que deja de matar para comer in situ, y caza y almacena pensando en unos terceros (estructura triposicional) que son las mujeres y los niños que esperan en las cuevas realizando otras tareas, con vistas a un futuro. Recolecta animales y plantas y cruza especies de unos y otras para obtener mejores animales, con mejor características (mejor lana, mejor leche) y mejores plantas (más duraderas, más grandes). Se transforma en ganadero y agricultor, y en selector experto de especies. Su estructura triposicional trascendental le permite contar con un tercero a distancia, no presente, debido a que puede llamarlo a distancia a través de sonidos con sentido para el que tiene enfrente y para el que está lejos y así viene en su ayuda para realizar determinadas actividades comunitarias. Cooperación comunitaria vital en el desarrollo humano. Las relaciones comunitarias son esenciales en la estructura triposicional del hombre. La comunidad es esencia del hombre, la comunidad es configuración del hombre. El hombre fabrica para disfrutar esencialmente y para ello trabaja. No podemos obviar esto, pues el hombre triposicional, una vez domina ciertas técnicas vive para vivir virtuosamente, es decir, para disfrutar. Pero tras la formación de sociedades históricas enfrentadas unas con otras, debido a tradiciones seculares, a teorías metafísicas tan cerradas y perfectas, que deslumbran pero no se entienden y no hacen más que reducir los problemas hasta hacerlos impenetrables e incomprensibles, han aplastado las sociedades comunitarias para imponer sociedades económico-técnicas, en donde en lugar de trabajar para fabricar y disfrutar, se trabaja para fabricar, y consumir. Se sustituye el disfrutar por consumir. Y en este marco de crisis humana es donde surge el problema de la antropología filosófica, enteramente problemático en sí mismo. No es casualidad que dichas crisis se produzca en los años 30 del siglo XX (pleno auge de totalitarismos comunistas y fascistas). No es casualidad que el interés por la antropología filosófica surja en este marco.  Dicho campo de estudio exige unas mejores condiciones de reflexión y pensamiento que las actuales y para ello debe tener en cuenta: el círculo hemenéutico biológico-filosófico para una reinterpretación en clave neo-aristotélica de la recuperación del hilemorfismo de la unidad cuerpo-alma, así como la reinterpretación de la obra del biólogo J.Baldwin, tomando la teoría de la evolución de Darwin sin olvidar la clave eclipsada de Lamarke. Todo en virtud de un estudio de la figura del cuerpo humano triposicional que nos permita ver de manera adecuada cómo el hombre es ese ser con un lugar privilegiado en el cosmos, que nos permita ver cómo el hombre, ese ser ahí heidegeriano donde tiene lugar la apertura ontológica, la apertura al Mundo. El hombre es eso donde tiene lugar la filosofía.


Jorge Martín Sanjuán