jueves, 13 de septiembre de 2012

EL CINE Y LA BIPOLARIDAD

¿Qué es el cine sino ese otro ámbito donde es posible todo aquello que es imposible? ¿Qué es el cine sino aquel lugar donde puedes ordenar todo de tal manera que lo más real posible, supere o trascienda la realidad más normal? ¿Qué es el cine sino eso donde lo irreal tiene aspecto de real?

         El Joker le dijo a Batman que este no tiene sentido sin él. ¿Contra quién o qué luchas Batman?” El bien no tiene sentido si no está rayando con el mal. ¿Contra qué o quién lucha un superhéroe? Contra lo que más teme de sí mismo. Porque la figura del otro, la figura del doble, del que amenaza desde la oscuridad, es temible. Pero también causa el mayor de los intereses. El cine atrae la atención del espectador como diciéndole “atrevete a mirar, a ver qué encuentras al otro lado del espejo”. Al ver una película, en cierto modo uno se está buscando a sí mismo, se está tentando. Uno pone la atención en un aspecto u otro dependiendo de en qué lugar se haya reconocido o alejado (por haberse reconocido). Porque alejarse de algo es un síntoma de que eso también es importante, también es parte de uno, es eso otro que está rayando, que está colindando por ahí. Uno va por la vida dudando entre las opciones, convencido en un momento de algo y a la vuelta de la esquina ya no está convencido y recula. Y eso es peligroso, porque nunca se sabe del todo quien es uno mismo, y puedes encontrarte en cualquier momento. ¿Quién diría que Chris Wilton, flamante profesor de tenis, acabaría siendo el mismismo Raskolnikov? ¿Quién le diría a Batman que fue el Joker quien le dio sentido a la lucha por salvar Ghotam, quien asestó la verdad más moralista de todas las que escuchó Bruce Wayne? ¿Qué sentido tiene ser Batman si no tienes miedo de ti mismo? ¿Quién en su sano juicio se erigiría como salvador del mundo, si al mismo tiempo no está aterrado por el mundo mismo? Cuando Batman se mira al espejo no ve felicidad ni reposo…Quizás vea al Joker, a la degradación humana que portamos todos en nosotros mismos.

         Se ven películas para comprender las incógnitas que se nos presentan cuando nos miramos al espejo, cuando la mirada devuelta es una incógnita en lugar de una confirmación. Cuando el espejo da miedo. Entonces ver una película siempre es una sesión de psicoanálisis aludiendo a los momentos de mirada al espejo. Cuidado con mirar al espejo, uno puede esperar verse tranquilamente y que aparezca un conejo gigante anunciando el fin del mundo…

         Uno ve películas porque en cierto modo quiere otra vida. Uno va al cine para ver si encuentra sin querer a su otro yo. O a otros yoes. El cine como incitador bipolar de la sociedad, en el sentido de que la gente consume el cine como evasión, como búsqueda, como suicidio, como entretenimiento, como abstracción.

         Uno de los motivos por los que se ve cine es para tener la conversación sobre la película, cuantas veces sea, con quien sea, repitiendo las mismas cosas una y otra vez. Pero, ¿con qué sentido? Es muy difícil que en una conversación de cine, cuando se llega a un climax común de entendimiento sobre lo que pasa en tal escena, se desarrolle algo interesante. Suele suceder que nos volvemos un otro yo retraído y decepcionado con la pasión. Si hay acuerdo con el clímax de la conversación cinéfila, ¿por que no se da nada más que un acuerdo que fulmina el interés de seguir explicando “lo que pasa”? El cine y la eskizofrenia. El acuerdo no genera discusión, ni avance, sino un paro cardíaco. El cine sirve para no parar de interpretar, para una vez alcanzado un acuerdo, revisar la escena a ver si encontramos otro detalle que eleve el clímax, o lo destruya ¿Con qué intención? Con la de sentir fuertemente algo. Algo que sin ser real tiene toda la pinta de serlo y al menos deja que se hable de ello. El cine quiere que se hable de él, porque quiere ser modelo, modelo de todo lo social, modelo de arte, modelo de modelos.

¿Cuánto de inefable es lo maravilloso? Lo mejor del cine es inefable, sólo es admirable, sólo puede uno sentarse en la butaca y esperar a que aparezcan las emociones. Esperar la alegría, la risa, el llanto, la decepción, el terror, la melancolía… Sí, el cine es un sacacorchos de los sentimientos. Y buscamos el que sea, da igual, queremos que nos saquen los sentimientos, porque normalmente estamos más muertos que vivos, y en el cine uno revive, se vive un poco más, aunque sea de forma eskizofrénica, aunque sea de manera artificial y con un sacacorchos.

“Con la muerte en los talones” vivimos mucho tiempo, y es admirable y entretenido cuando tiene aspecto cinematográfico. Hay relatos de la vida de alguien que sólo son interesantes si se parecen a una película de cine. Demencia bipolar de no aceptar la realidad a no ser que tenga aspecto de ficción dirigida por el mismísimo Dios, guionista también de todas y cada una de nuestras vidas, cuando adquieren formato cinematográfico.

Pero, ¿qué tiene el cine que nos vuelve locos? Digamos que en tanto que arte, el cine nos coloca en ese lugar donde se juega el ser de las cosas. Nos pone en esa brecha, en ese ring de lucha libre, donde se funda el sentido entre la película y nosotros; un verdadero acto de creación, de sentido y de realidad. La configuración audiovisual ante nosotros exige que valoremos, que no sólo digamos eso es bueno o malo, o si me ha gustado o no, sino algo más, una fundación de sentido de vida. Porque el cine, de algún modo, como arte, es una fundación de vida, una exposición de las pasiones más sufridas que son indecibles y busca de nosotros una lágrima o una sonrisa que explique y funde de manera más explícita la propia sucesión de las imágenes.

La forma de la novela, que cuenta una trama de una persona cualquiera, tan cualquiera que todo anónimo se identifica, que ya no es un héroe quijotesco sino que ahora es el hombre y mujer común, supuso un cambio y un síntoma importante en la sociedad del siglo XIX y XX. El protagonista deja de ser un héroe específico para convertirse en el más normal de los mortales, uno que representa a cualquiera, que no es especialmente feliz y que se ve envuelto en una historia reveladora que otorga sentido a su vida. Una configuración de una vida con un inicio que despliega los acontecimientos, un nudo que configura la trama y un desenlace que otorga una moraleja. En ocasiones el sentido es la moraleja clásica y en otras el sentido es la falta de sentido, el sinsentido, lo que a su vez puede ser un síntoma de sentido... El cine surge con la novela del siglo XX y ambas se convierten en tranquilizadoras de sociedades que no encuentran su lugar y no son capaces de encajar su trama vital en un contexto adecuado o en una sucesión de capítulos coherentes. La gente pierde la expresividad, la gente ya no es capaz de contar sus historias importantes. Hay una falta de comunicación. Hay vidas que tienen difícil encontrar un inicio, un nudo y un desenlace que encajen temporalmente uno con otro ligando algún tipo de sentido. Es decir, hay vidas caóticas y verdaderamente eskizofrénicas. Una de las funciones sociales tanto de la novela como del cine es ordenar este tipo de vidas anónimas cualquiera. Ordenan una trama, con un inicio, nudo y desenlace conformando así un verdadero sentido a esa vida. La masa, el mundo occidental en el siglo XX consume el cine vorazmente porque piensa curar su vacío existencial con lo inefable y fabuloso que tiene el cine. La gente que no era capaz de expresar sus sentimientos, la gente que se sentía perdida, la gente que era incapaz de ubicarse en el mundo, tenía ahora un referente audiovisual gigante.

El cine como narrador de la vida. El cine como centro de acogida de masas y masas adormecidas incapaces de expresar, incapaces de contar verdaderas experiencias. El cine como medicina contra la eskizofrenía.

Así, hemos encontrado al cine como lugar clave para una explicación, a través del arte, del sentido de la vida, y el cine como centro médico contra la angustia vital. Pero podemos ver el cine, por qué no, como mero entretenimiento, como verdadera profesión artística, mero juego de perspectivas. Cine como creación, como apertura a una pluralidad de miradas, miradas plurales en sí mismas. Arte no cerrado y en constante movimiento de fuerzas que dan lugar a unas formas u otras.

“Los auténticos actores son esa raza indomable que interpreta los anhelos y fantasmas del inconsciente colectivo.” Ana Diosdado, dibujante y humorista español.

         ¿Cuál es la bipolaridad del actor? ¿Cuándo se siente más uno mismo, cuándo es la persona o el personaje? ¿Cómo se siente un personaje? ¿De qué manera se siente uno cuando deja de estar en directo en un programa de televisión para volver, en el instante que se apaga la luz roja, a sentir cómo se recobra la persona? Miren la genial actuación de David Strathairn en “Buenas noche y buena suerte”, cuando se reorienta hacía sí mismo, en el regreso extraño a ser una persona normal y corriente, instantes después de ser un líder, una cara, un enemigo del poderoso.

 Hay quien dice que no le gusta el cine en blanco y negro, pero, ¿dónde sino en el cine en blanco y negro se ruedan mejor las escenas del humo de los cigarrillos?

         Ir al cine es toda una experiencia. ¿Han ido al cine sólos alguna vez? Ir al cine sólo es un alivio. Eliges la película sin consensuar con nadie, compras la entrada diciendo aquello de: “una para La escafandra y la mariposa por favor”. Y orgulloso de ser ese tío raro que va al cine sólo, compras palomitas sabiendo que ninguna mano te ruborizará o te molestará. Te sientas. Miras toda la sala y a todo el mundo. Te reafirmas como cinéfilo solitario y agudizas todos tus sentidos para aprehender la película. Ver una película sólo en el cine exige de uno mismo más que si vas acompañado, donde puedes apoyarte en lo que digan los demás. En cualquier caso, la sala de cine es un sitio muy peculiar. Se podrían rodar películas y películas con todas las historias que suceden en las salas. Un lugar oscuro y silencioso donde hay gente…y la gente es capaz de cualquier cosa.

         Para hacer una película hace falta una buena historia y estar loco. Sí, el cine y la bipolaridad van intrínsecamente de la mano. Woody Allen se casó con su hija tras ver las películas que hacía y lo guarro y divertido que era todo. ¡Un abrazo Woody! Vivir a través de las historias que te inventas. Esos son los que hacen las películas. Los que las piensan, los que las dirigen, los que las escriben… ¿De dónde se sacan las buenas historias? De cualquier sitio. Se puede coger una historia sin interés y edulcorarla de tal manera que la forma supere al contenido, que la suma de simplezas adopte la mayor de las complejidades (eso es lo que suelen hacer los Cohen). Otra cosa es lo que hace Julian Schnabel. Dar luz verde a vivir tu vida tal y como quieras imaginártela. Una voluntad nietzscheana que no se arruga ante los desastres de la vida, sino que se adapta y se quiere a sí misma. Diciendo sí con un guiño cómplice. Guiñar a la vida. Guiñar al otro yo. Guiñar al doble y dar rienda suelta a la afirmación de la locura. A veces hay que estar en la cama sin moverse para convencerte de que volverte loco no es tan malo.

         O sí, que se lo digan a la gente de Boston. Allí las películas porno se han prohibido. No gusta mucho esa trama del fontanero que llega a casa para follarse a las mujeres.

            ¡Oh el cine! ¡Qué maravilla! Qué de historias nos cuenta. Aquella historia de Buenos Aires de los 70 daría para una novela.  Y para una película. Y para una película en la que se escribiese esa novela…

         Toda esta parafernalia viene a decir que hay que estar muy loco para poder sacar todo el jugo al cine, pero aun más ido de la olla hay que estar para no interesarse por el cine. Porque el cine es nuestra bella locura compartida.

Buenas noches y buena suerte.




Nota: Esto no sigue ningún tipo de orden ni propósito. Un mero dar rienda suelta al experimento. Las películas seleccionadas fueron seleccionadas por el capricho de otros. Ninguna sufrió ningún daño durante la realización de este escrito.

jueves, 9 de febrero de 2012

APERTURA A LA TOTALIDAD DE LO REAL

La antropología filosófica es una disciplina por sí misma problemática. Como campo a estudiar, como programa a dedicarse, surge en la crisis de los años 30 del siglo XX, a caballo entre las dos guerras mundiales. La mayor crisis de la historia del ser humano, crisis en la que se ha perdido todo lazo comunitario debido a la irrupción brutal de lo económico-técnico. El mundo comunitario de valores y estima, el mundo de la reflexión filosófica o de la estabilidad para el pensamiento ha sido barrido y destrozado por una tradición metafísica idealista al más puro estilo alemán, que eclipsa toda posibilidad de reflexión filosófica verdadera. Pues se pierden los lazos comunitarios entre las sociedades para convertirlos en meras relaciones entre sociedades históricas a modo de relaciones económico-técnicas. En esta crisis, entonces, aparece un problema irresoluble por sí mismo, enteramente e intrínsecamente problemático pero que requiere al mismo tiempo la máxima atención y dedicación para su estudio y clarificación; y ello es la antropología filosófica, el problema de la antropogénesis.

         Porque, qué es el hombre,  es la pregunta antropológica-filosófica por excelencia. Ya en la obra de Max Scheller vemos como es enteramente relevante y no un mero capricho la tesis de que el hombre a diferencia del resto de los animales, aspira a la totalidad de lo real; es el más digno de estima de los seres, el que ocupa un puesto especial en el cosmos. Un ser en el que reside la gracia y la dignidad, aspirante al Mundo como totalidad universal de lo real. Una tesis que no podemos obviar y que sin embargo, al mismo tiempo queda reducida por esa otra teoría fisicalista, reduccionista e idealista, como es la de que el hombre en tanto que animal en el mundo, es un animal más, un bicho más, compuesto por la misma sustancia que el resto de los animales y que simplemente posee otras características distintas a unas garras o fauces.

         Si queremos tratar con el problema de la antropología filosófica debemos empezar por investigar bien qué es eso de una apertura ontológica, qué es eso de la apertura al mundo. Ya los propios animales, en tanto que formas sensorio-motoras, organismos sensibles y motores que se desplazan y se alimentan en sus mundos circunscritos son ya centros de apertura al mundo, a sus mundos entorno. A colación viene la teoría del origen trófico del conocimiento de Ramón Turró (biologo y filósofo). En tanto que los organismos sensorio-motores deben nutrirse, deben desplazarse en virtud de sus propios cuerpos, gracias a sus estructuras morfológicas. Recorriendo las distancias correspondientes para conseguir su alimento, es la forma de abrirse y conformarse a sus mundos circunscritos, a sus mundos entorno. Conocen lo que actúan y actúan lo que conocen. No conocerá lo mismo un gusano de seda que un águila imperial. Conocen y actúan en virtud de sus propios cuerpos y de su propia alimentación. El gusano posee un mundo entorno reducido mientras que el mundo del águila, que puede volar y observar a grandes distancias, es enteramente distinto. Pero ya los animales sensorio-motores son centros de apertura al mundo. En virtud de que son seres con nutrición heterótrofa, pues, sólo allí donde hay desplazamiento para la nutrición hay conocimiento, porque en el desplazamiento se necesita un cuerpo sensitivo y motor que realice dicha nutrición. Los seres autótrofos, como las plantas no poseen cuerpos sensorio motores, ni les es necesario conocer, pues ya están en contacto permanente con la fuente de su nutrición. Los animales en cambio son mucho más groseros y necesitan nutrirse de otros organismos vivos. Se produce una lucha a vida o muerte en el reino animal. Confluyen los mundos entorno de los animales que ya son centros de apertura a sus mundos circunscritos.

         En cambio el hombre si bien parece un bicho más, no es un organismo sensorio-motor que sea una apertura a su mundo entorno. El hombre desborda con mucho su mundo entorno. El hombre es apertura ontológica, apertura a la totalidad de lo real. Hay una dignidad en él, una idea que no es ni mucho menos gratuita. Una apertura ontológica que será en virtud de su cuerpo, de su morfología sensorio-motora que es enteramente distinta a la del resto de los animales. Debemos hacer un círculo hermenéutico a través de la biología, junto a Aristóteles para recuperar esa unidad hilemórfica de cuerpo y alma que nos de la clave para pensar al hombre como apertura no a mundos entorno sino al Mundo, con mayúscula. Porque tenemos una dualidad irreconciliable debido a las tradiciones escolásticas y seculares que tratan al hombre como separado en dos: por un lado el hombre tiene su cuerpo y por otro lado tiene el alma. Alma y cuerpo desconectados. Lo que hace el alma va por un lado y quizá sea lo que aspira a la totalidad de lo real y por otro lado está el cuerpo, aquel aparatoso conjunto grosero de órganos y huesos que es tratado de forma fisicalista y mecanicista desligado enteramente del alma. Por eso es preciso repasar el libro IV del  Acerca del Alma de Aristóteles donde ya vio con una excelencia exquisita el problema. Aristóteles hila tan fino el problema que debido a que toca todas las piezas del puzzle, al final le suena una melodía disonante, poniendo en relieve que estamos ante un problema serio a tratar y que hasta ahora nadie ha sabido abordarlo. Es el tema de la dualidad cuerpo/alma en relación a una antropología filosófica que debe tratar al hombre como aquella apertura a la totalidad universal de lo real.

         En virtud de que el origen del conocimiento es trófico, Aristóteles ya vio que la nutrición es una actividad del alma y no del cuerpo. Puesto que conocer en el hombre es la actividad intelectual más alta del alma humana, el alma es función organizativa y estructural en virtud del organismo sensorio-motor del cuerpo. La organización morfológica, sensitiva y motora está estructurada por la función general del alma. No hay separación del cuerpo y del alma, sino que es una unidad. Lo que hace el cuerpo no es a espaldas del alma y viceversa. Porque el alma en el hombre es la estructura organizativa funcional del cuerpo. Se recupera la unidad hilemórfica. Todo ello en virtud de la acción. No hay acciones, ni pensamientos, ya sean morales o intelectuales sin cuerpo sensorio-motor. No hay acciones sensorio-motoras humanas sin la funcionalidad del alma. Ya vio Aristóteles que los animales también tienen alma, también su organización funcional sensorio-motora es anímica. 

         Pero vayamos a tratar la idea de acción, que se presenta clave en todo el proceso de la antropogénesis. Se hace necesario un estudio del evolucionismo para diferenciar el puesto único del hombre en el cosmos. Cómo, si el hombre es un cuerpo más en el mundo, cómo desborda sus mundos circunscritos para pretender aspirar a un mucho más digno Mundo, a una totalidad de lo real. Cuál es la trascendencia del hombre con respecto al resto de animales. En el estudio de la evolución se ve ya la idea de novedad, pues si bien antes se pensaba en la idea de creación, de origen divino y estable de las especies, la recolecta gigantesca del mundo occidental de tipos de animales, de fósiles, de plantas y las clasificaciones taxonómicas que lleva a cabo, hace ver al hombre que en las especies animales y vegetales hay una evolución, porque hay novedades y divergencias en lo que antes se pensaba que era estable y continuo. A medida que crecen los datos y las clasificaciones de géneros, especies e individuos, se hacen patentes que las diferencias son menos y las similitudes mayores. Cada vez hay más muestras que comparar y comprobar. Se llega así a la conclusión de que es evidente que hay una evolución en la historia, una evolución en la naturaleza, que en determinados casos algunas especies desaparecen y otras siguen adelante, algunos rasgos de algunas especies desaparecen y en otras continúan y se perfeccionan.

         Lamarke introduce una clave precisa para comprender la teoría de la evolución, y es la idea de acción como acción novedosa. Si se conoce en virtud del cuerpo y el cuerpo actúa en virtud de lo que conoce, la idea de acción sensorio-motora adquiere un valor importantísimo, porque la vida implica una lucha constante a vida o muerte. Incluso si dos plantas luchan por un pequeño espacio en el que arraigar sus raíces se produce una competición en donde "unas raíces se comen a las otras" para continuar con su existencia vital. Hasta tal punto el progreso de la vida es una lucha a vida o muerte. Pues bien, Lamarke, a través de la acción novedosa introduce la formación por transformación de las actividades sensorio motoras. Si bien dijo que las novedades corporales se heredaban, se sabe ahora que es falso. Pero ya en lo dicho está la clave de la evolución, una idea totalmente eclipsada por Darwin y que recuperará el biólogo J.Baldwin. Darwin ofrece una teoría de la evolución simplista y tautológica en la que no explica nada porque no dice nada. Efectivamente las especies que se adaptan son las que se reproducen, y las que se reproducen son las que se adaptan, porque se han reproducido. Se reproducen y siguen adelante aquellas especies que se adaptan, pero no dice qué hacen los organismos, no habla de la acción que realizan, parece carecer de importancia la vida misma de los individuos y las acciones que realizan en su propia vida. En Darwin no importa la vida que llevan a cabo los individuos tanto vegetales como animales, la adaptación es una mera casualidad que se adaptará en un entorno u otro, sin modificación del entorno por la acción ni modificación de la acción por el entorno. La idea que recupera Baldwin de Lamarke para completar a Darwin es esa idea de acción novedosa. Lo que se hereda no es la variación en el organismo de un individuo. Lo que se hereda es la acción adaptativa. Lo que se hereda son aquellas conductas que por medio de la acción novedosa se adaptan mejor que otras especies. Es decir, lo que se hereda no es una mutación sin más, sino una conducta activa novedosa que cambia el entorno y que el entorno puede obligar a cambiar dichas acciones para la adaptación. Por ejemplo, si yo hago pesas y me sale moya, la moya no será heredada por mi hijo. Pero la conducta de hacer pesas para ser más fuerte sí puede ser imitada y heredada como adaptación mediante acción novedosa en un entorno determinado. Esta es la clave de la acción novedosa de Lamarke que queda eclipsada en Darwin. Se produce así la formación por transformación de las acciones que varían y  se adaptan las mejores conductas en determinados entornos.

         ¿Qué tiene que ver esto con el hombre como apertura a la totalidad de lo real? Estamos pensando el problema de la antropología filosófica, de la antropogénesis. Esa crisis en la que el hombre es considerado como dual, dividido en dos: en alma y cuerpo. Alma y cuerpo irreconciliables. Pero una vez reunidos en la concepción hilemórfica de Aristóteles con el alma como unidad funcional del cuerpo: ¿cómo el hombre aspira a ser apertura ontológica del Mundo? El hombre aspira a esa totalidad universal en virtud de su cuerpo, que tras una evolución por transformación de acciones novedosas ha configurado su cuerpo y por tanto su unidad racional, su alma, en una figura enteramente especial y diferente a la del resto de los animales. Unas transformaciones que debemos pensar desde que tenemos datos prehistóricos. Hay que empezar a poner el inicio del estudio allí donde al lado de huesos humanos hay objetos (sociedad objetiva). Pues si bien el hombre comenzó viviendo en las cuevas, después se organizó en aldeas, para acabar viviendo en ciudades. Lo que transforma la relación que tiene entre sí mismo y con su entorno. Todo en virtud de lo que hace continuamente con su cuerpo. Hay que estudiar pues aquellas capas que explican la acción y la configuración corporal del hombre.

         La primera capa es la capa técnica y la segunda es la social. Pues nuestra disposición manual con dedo prénsil nos permite “fabricar” objetos, conformando un mundo técnico a nuestro alrededor que nos conforma y orienta continuamente, hasta el punto de que la disposición de dichos objetos conforman una serie de ceremonias cotidianas (una mesa con sillas alrededor y una determinada posición de unos determinados cubiertos configuran cotidianamente la ceremonia, por ejemplo, del desayuno. Que puede ser enteramente distinta en virtud de los objetos utilizados de la de la comida. Y si cambiamos de sala y de objetos podemos ver la conformación de un salón preparado para la intercomunicación o la disposición de unas sillas y mesas enfrentadas para la disposición de una clase). Allí donde hay objetos y no sólo huesos hay ser humano. Ya no sólo tenemos hachas o vasijas, sino clases de hachas y clases de vasijas.El hombre ha ido creando, debido a su morfología corporal, una capa técnica que configura un mundo técnico, objetivo. Así como la condición erguida bipedal, que nos proporciona una mirada levantada hacia el horizonte, una visión amplia configurada  para una buena nutrición del conocimiento. Pues “el hombre es un animal de lejanías”. La composición morfo-sintáctica a través del aparato bucolaringe, que nos permite una comunicación isomórfica para unos con otros y un tercero a distancia. Se forma en segundo lugar la capa social. Todo ello configura una estructura triposicional característica y enteramente clave de lo que es el ser humano. Es decir, lo trascendente del hombre, lo a priori, pero no puro y sí enteramente mezclado, (alejándose de cualquier pretensión metafísica reduccionista) lo que nos permite aspirar a la totalidad de lo real y lo que de más digno hay en nosotros, es la figura del cuerpo. Es nuestra organización corporal estructurada por una función anímica del alma la que nos hace los más dignos de estima. Nuestro cuerpo es lo que nos otorga "el puesto privilegiado en el cosmos". No puede haber nunca un ser racional e intelectual que no posea el cuerpo humano.

         Aristóteles encauza el problema aunque no lo resuelve, porque sigue habiendo disonancia entre la unidad cuerpo-alma; pero deja configurado el camino a recorrer del problema. Ya dice con acierto que en todo hay una parte agente y otra paciente, parte activa y parte pasiva. En el alma humana igual. La parte más alta y exclusiva del hombre es el intelecto. Tenemos el intelecto pasivo (del cual parece no atreverse a decir que es el cuerpo, pero que debe ser el cuerpo) y el intelecto activo. Es el intelecto activo la parte más alta de hombre. Es este intelecto de tal naturaleza que conoce las cosas por sí mismas y en virtud de su propio conocimiento. Un conocimiento, una actividad de conocimiento no mezclada con ningún interés corporal, ni ningún interés más que el conocimiento de las cosas mismas por su propias esencias. El problema entonces es este desbordamiento de las circunstancias del hombre. Si el alma es función del cuerpo, ¿cómo hay algo en el hombre independiente del cuerpo y que aspira a un interés propio? La nitidez del problema visto por Aristóteles queda ahí lista para seguir el camino y su estudio.

         El hombre, ese ser que desde el paleolítico ya actúa novedosamente, empieza a configurar su pretensión de totalidad, en el momento en que deja de matar para comer in situ, y caza y almacena pensando en unos terceros (estructura triposicional) que son las mujeres y los niños que esperan en las cuevas realizando otras tareas, con vistas a un futuro. Recolecta animales y plantas y cruza especies de unos y otras para obtener mejores animales, con mejor características (mejor lana, mejor leche) y mejores plantas (más duraderas, más grandes). Se transforma en ganadero y agricultor, y en selector experto de especies. Su estructura triposicional trascendental le permite contar con un tercero a distancia, no presente, debido a que puede llamarlo a distancia a través de sonidos con sentido para el que tiene enfrente y para el que está lejos y así viene en su ayuda para realizar determinadas actividades comunitarias. Cooperación comunitaria vital en el desarrollo humano. Las relaciones comunitarias son esenciales en la estructura triposicional del hombre. La comunidad es esencia del hombre, la comunidad es configuración del hombre. El hombre fabrica para disfrutar esencialmente y para ello trabaja. No podemos obviar esto, pues el hombre triposicional, una vez domina ciertas técnicas vive para vivir virtuosamente, es decir, para disfrutar. Pero tras la formación de sociedades históricas enfrentadas unas con otras, debido a tradiciones seculares, a teorías metafísicas tan cerradas y perfectas, que deslumbran pero no se entienden y no hacen más que reducir los problemas hasta hacerlos impenetrables e incomprensibles, han aplastado las sociedades comunitarias para imponer sociedades económico-técnicas, en donde en lugar de trabajar para fabricar y disfrutar, se trabaja para fabricar, y consumir. Se sustituye el disfrutar por consumir. Y en este marco de crisis humana es donde surge el problema de la antropología filosófica, enteramente problemático en sí mismo. No es casualidad que dichas crisis se produzca en los años 30 del siglo XX (pleno auge de totalitarismos comunistas y fascistas). No es casualidad que el interés por la antropología filosófica surja en este marco.  Dicho campo de estudio exige unas mejores condiciones de reflexión y pensamiento que las actuales y para ello debe tener en cuenta: el círculo hemenéutico biológico-filosófico para una reinterpretación en clave neo-aristotélica de la recuperación del hilemorfismo de la unidad cuerpo-alma, así como la reinterpretación de la obra del biólogo J.Baldwin, tomando la teoría de la evolución de Darwin sin olvidar la clave eclipsada de Lamarke. Todo en virtud de un estudio de la figura del cuerpo humano triposicional que nos permita ver de manera adecuada cómo el hombre es ese ser con un lugar privilegiado en el cosmos, que nos permita ver cómo el hombre, ese ser ahí heidegeriano donde tiene lugar la apertura ontológica, la apertura al Mundo. El hombre es eso donde tiene lugar la filosofía.


Jorge Martín Sanjuán

domingo, 29 de enero de 2012

EL SABER, BIEN EN SÍ

"Buscar que de todo conocimiento resulte algo distinto del conocimiento mismo y exigir que sea útil es propio de alguien que ignora totalmente la distancia que desde el principio separa lo bueno de lo necesario. La diferencia, en efecto, es máxima. Pues de las cosas sin las cuales no es posible vivir, las que son amadas con vistas a otra cosa han de denominarse "necesarias", mientras que las que se aman por sí mismas, aunque no se diga ninguna otra cosa, han de considerarse "buenas" en sentido estricto. Sería, pues, totalmente ridículo tratar de encontrar en todo alguna utilidad fuera de la cosa misma y preguntar ¿cuál es nuestra ganancia? y ¿cuál es la utilidad? En verdad, como decimos, un hombre tal no se parece en nada al que conoce lo bello y lo bueno y que sabe distinguir la causa de la causa concomitante.

Y cualquiera vería que esto que decimos es verdad por encima de todo si alguien nos transportara con el pensamiento a las islas de los bienaventurados. Allí, en efecto, nada es de utilidad ni provecho, sino que solamente queda el pensar y el contemplar, algo que incluso aquí decimos que es "una vida libre". Y si esto es verdad ¿no se avergonzaría con razón cualquiera de nosotros que teniendo la oportunidad de vivir en las islas de los bienaventurados fuera incapaz de ello por su propio modo de ser? Ciertamente no es despreciable la recompensa del conocimiento para los hombres, ni pequeño el bien que de él resulta. Así como en el Hades, según dicen los poetas más sabios, recibimos los dones de la justicia, así recibimos los del saber en las islas de los bienaventurados, según parece.

Nada extraño, pues, si el saber no parece útil ni provechoso, pues no decimos que es provechoso, sino "bueno" y que corresponde escogerlo, no por otra cosa, sino por sí mismo. Pues del mismo modo que nos desplazamos a Olimpia por el espectáculo mismo, aun cuando nada resulte de él, ya que el espectáculo vale más que muchos dineros, y contemplamos las Dionisíacas, no porque vayamos a sacar algo de los actores, sino incluso pagando, y preferimos otros muchos espectáculos a mucho dinero, así también la contemplación del Universo ha de tenerse en más que todas las cosas que se consideran útiles. No está bien, en efecto, que se ponga mucho empeño en ir a contemplar a individuos que imitan a mujeres y a esclavos, o que luchan y corren, y que no se piense que merece la pena contemplar la naturaleza y la verdad de las cosas".

Aristóteles; Protréptico. fg.12 de Ross (=W 12)

domingo, 4 de diciembre de 2011

Ciencia y Política

En la tesitura de un posible conflicto de responsabilidad moral entre el científico y el político, entre ciencia y política, hemos de dilucidar, el camino recorrido por ambas desde la época moderna hasta nuestros días, para ver así, que lejos de una ciencia supeditada y controlada por un proyecto político, es aquélla la que determina enormemente a la política y la lógica de todo proyecto de organización social.

            Dentro de un proyecto universal, global, como es nuestra sociedad occidental, la lógica que impera es la triunfante de la ciencia. Valores tales como éxito, utilidad, progreso, aplicabilidad, veracidad o confiabilidad son los que gobiernan e inundan el mundo. Desbordando su propio ámbito científico se extienden hasta la forma de hacer economía y hasta la forma de hacer política.

            El momento actual de ese proyecto humano de organización social, como es el Capitalismo, esa globalización digo, que trata de organizar de la mejor manera posible las relaciones humanas, se basa como núcleo principal en las relaciones económicas. Unas relaciones económicas burocratizadas y manipuladas por la misma lógica de la ciencia: control de los elementos, éxito, progreso, valores numéricos, tiempos y espacios determinados… Una ciencia que desde la modernidad, si bien no pudo responder con plena seguridad qué es el mundo y qué es la realidad, al menos pudo estar segura de que si empleaba las estructuras de la mente humana aplicándolas a ese mundo, al menos podría concluir que las estructuras mentales humanas en relación con un mundo pueden ser veraces (que no verdaderas). Una vez garantizada la veracidad y el éxito de poder construir un mundo, la ciencia se autoproclama en portadora de la verdad. Se produce un auge de esos valores científicos, se produce un auge del éxito y de la seguridad humana de poder hablar del mundo y, construirlo sin ningún tipo de remordimiento, pues el hombre no tiene que rendirle cuentas ni a Dios. Hasta tal punto que la política, encargada de “construir” la esfera social adquiere dicha lógica científica, jugando con números y con tentáculos burocráticos que puede manejar como si de una técnica se tratase. Momento que va intrínsecamente relacionado con la desvalorización mundana de la religión y otros aspectos ligados radicalmente a la moralidad humana. La Reforma luterana y la expropiación del campesinado serían temas a tratar, pero no será en este ensayo.

            En pleno siglo XX, ese proyecto globalizador que garantiza la ciencia, llega a un punto culminante: la fabricación de la bomba atómica como herramienta política. En un marco denunciable, como lo hace Hanna Arendt, de falta de reflexión y de pensamiento de la humanidad consigo misma, sobre qué somos, hacia dónde queremos ir y cómo lo queremos hacer, el hombre, fusionando política y ciencia crea la bomba atómica con el objetivo de hacer la paz matando a millones de personas. En el marco de la Segunda Guerra Mundial, lucha por el control ideológico y tecnológico del mundo, la ciencia cumple un papel fundamental; tan fundamental que se erige como el elemento más importante y decisivo de todo el panorama mundial: producción armamentística pesada, desarrollo de armas bioquímicas, producción en masa…industria con mayúsculas. Todo el proceso hasta formar una economía de guerra fundamental e indispensable para cualquier Estado político.

            Suponer que la ciencia tiene un pequeño espacio de curiosidad, ajena a cualquier tipo de responsabilidad moral es tan erróneo como suponer que la especulación filosófica y su amor a la sabiduría tampoco tienen consecuencias éticas en el mundo. Fundamentar una ontología es sentar las bases del mundo y su configuración moral. Y eso es exactamente el proyecto científico. La ciencia se desliga de Dios y de esa dación de la realidad para independizar el propio mundo, ya que el mundo funciona exitosamente si el hombre es la medida de todas las cosas. Ahora sí podemos medir el mundo, tenemos nuestros resultados óptimos y comprobables y es la hora de jugarse todo a la revolución científica y por tanto a la revolución política.

            Porque el político que surge entonces es un científico, un hijo suyo. Así como el científico está en su laboratorio manejando posibilidades y variables con diversos aparatos y teorías, el político está en su gabinete manejando datos sociales y encajando números y estadísticas para aplicar algún tipo de teoría ideológica. Perfecto ejemplo se nos presenta con el gobierno impuesto “necesariamente” en Italia: los famosos tecnócratas.  Pues para resolver lo problemas políticos de un país, es “urgente” que sean unos técnicos “objetivos” los que manejen los “datos” del paro, el PIB, la inversión, los recortes, la producción de empleo… Es evidente que en el laboratorio italiano, la propia sociedad humana no es más que cifras y variables a manejar y que arreglar. De la misma manera que la población japonesa era una cifra lo suficientemente grande como para acabar con la Segunda Guerra Mundial.

            No podemos conceder ni considerar que hay algún tipo de espacio en el ámbito humano en el que no haya algún tipo de responsabilidad moral, y menos en la política y en la ciencia. Debe haber una constante reflexión tanto en el campo teórico como en el práctico (si es que van desligados de alguna manera). Una reflexión moral permanente y más si hablamos de un terreno tan global que afecta a toda la humanidad como es el mundo social en el que vivimos. Si ha de haber algún tipo de proyecto globalizador, hay que exigir un espacio de pensamiento y reflexión de la mano de la recuperación de unos valores que no sean los meramente científicos. Pues es no sólo un derecho sino un deber hacer una crítica moral tanto a la política, como a la economía, discutiendo la problematicidad que hay de fondo con la lógica que se impone en el mundo tras el éxito de la ciencia, apuntalada tras la revolución industrial, lo que configura el mundo en el que vivimos con su actual crisis, tanto económica como humana.

            No se está discutiendo el éxito de la ciencia, ni las consecuencias buenísimas ni grandiosas que ha aportado a la humanidad. Sino que se trata de qué es la ciencia, qué debe aportar, qué limites morales ha de tener y cómo ha de encajar en el mundo occidental.

Jorge Martín Sanjuán

domingo, 4 de septiembre de 2011

Sobre las sacudidas del stronci

El conocimiento filosófico eleva. Incita a crecer. Sin duda, uno de los caminos más altos que el hombre puede recorrer. Conocimiento hoy  día más que olvidado, muy devaluado. El mundo ha crecido y se ha expandido a una velocidad excesiva, incapaz de pensarse y de dirigir su mirada hacía sí mismo. Las tierras se cubren, y la reflexión queda herida en un mundo asentado en una tierra asfaltada y en donde sobran templos. Los templos también han perdido sus raíces, y los grandes pensadores no son tenidos en cuenta. Además no tienen dinero. Esta reflexión ya no es tenida en cuenta. Efectivamente, Dios ha muerto…

La realidad ya no es pensada, no es discutida. Ni siquiera es ya algo. Carece de importancia. El desinterés por el cultivo intelectivo ha sido aniquilado. Quizá sólo desterrado, drogado y expulsado del mundo. Ahora vive en las cloacas, parece un yonki, no es agradable. Parece muy extraño y lejano. Escucharlo incomoda, es demasiado poco o demasiado demasiado, no se amolda al equilibrio, a los valores, a las estadísticas, a los parámetros. Los excesos son culpables, son mal mirados. Dionisos se indigna cuando escucha que embriagarse no es crecer, ni conocer. AKIRA!

Vivimos. Máxima aventura con el máximo interés para los aventureros. Las aventuras han creado y traído al mundo el Arte, la Religión y la Filosofía. Los Estados se erigieron en torno a ellas. El conocimiento filosófico es un tremendo favor de los aventureros, para los aventureros. ¿De qué trata el conocimiento filosófico? De la vida: verdad, belleza, error, sufrimiento, sistemas y soluciones. Conflictos, reflexiones, reasunciones, idas y venidas, angustias, esperanzas, miradas, perspectivas, leones, tigres y panteras! DIOS MIO! Búsqueda de saber absoluto, ya sea en la multiplicidad originaria o en el origen único. Sentimiento divino. Divinidad. Dios. Dioses. Legalidades. Donar sentido a la realidad. Fundar y venir a ser vs Es y punto. Apertura vs Clausura.

Por ahí se va alejando, creo que es un poeta al que han expulsado de la reunión global. Parece que está escribiendo algo…

Jorge Martín Sanjuán

lunes, 4 de julio de 2011

Nacimiento

Primer instante. Oh! Hola a todo el mundo. Os doy la bienvenida a una nueva era, la era del stronci. Os preguntareis cuál es la era del stronci, es más, os preguntareis qué es el stronci. Bueno pues esto es como la idea de bien de Platón o los números de la isla, que estás siempre a punto de saberlo o incluso ya lo sabes, pero sólo aciertas a dar ejemplos malos de lo que realmente es. Eso es el stronci, un concepto cargado de conceptos. He aquí el mejor concepto del mundo: el stronci. Porque el stronci puede ser muchas cosas. Puede ser un stroncito, o un stronciete. El stronci no es. El stronci es el comodín que transforma todo un contexto. El contexto sin el stronci, desde luego que no es nada. Digamos que el stronci es la clave, es el "toque", el distintivo. Supongo que estais stronciados con este primer instante del stronci...Pero de largo que ya conoceis al stronci. El stronci somos todos. Pero recordar que el stronci no es. Sí, porque el stronci es así ¿sabeis? Unas veces estás stronciando por ahí hasta que derrepente te estás stronciando de risa y dices: "joder jeje, vaya stronci." Pero bueno esto sólo es el primer instante repetido desde siempre. Primer instante. Oh!

Jorge Martín Sanjuán