¿Qué es el cine sino ese otro ámbito donde es posible
todo aquello que es imposible? ¿Qué es el cine sino aquel lugar donde puedes
ordenar todo de tal manera que lo más real posible, supere o trascienda la
realidad más normal? ¿Qué es el cine sino eso donde lo irreal tiene aspecto de
real?
El Joker le dijo a Batman que este no
tiene sentido sin él. ¿Contra quién o qué luchas Batman?” El bien no tiene
sentido si no está rayando con el mal. ¿Contra qué o quién lucha un superhéroe?
Contra lo que más teme de sí mismo. Porque la figura del otro, la figura del
doble, del que amenaza desde la oscuridad, es temible. Pero también causa el
mayor de los intereses. El cine atrae la atención del espectador como diciéndole
“atrevete a mirar, a ver qué encuentras al otro lado del espejo”. Al ver una
película, en cierto modo uno se está buscando a sí mismo, se está tentando. Uno
pone la atención en un aspecto u otro dependiendo de en qué lugar se haya
reconocido o alejado (por haberse reconocido). Porque alejarse de algo es un
síntoma de que eso también es importante, también es parte de uno, es eso otro
que está rayando, que está colindando por ahí. Uno va por la vida dudando entre
las opciones, convencido en un momento de algo y a la vuelta de la esquina ya
no está convencido y recula. Y eso es peligroso, porque nunca se sabe del todo
quien es uno mismo, y puedes encontrarte en cualquier momento. ¿Quién diría que
Chris Wilton, flamante profesor de tenis, acabaría siendo el mismismo
Raskolnikov? ¿Quién le diría a Batman que fue el Joker quien le dio sentido a
la lucha por salvar Ghotam, quien asestó la verdad más moralista de todas las
que escuchó Bruce Wayne? ¿Qué sentido tiene ser Batman si no tienes miedo de ti
mismo? ¿Quién en su sano juicio se erigiría como salvador del mundo, si al
mismo tiempo no está aterrado por el mundo mismo? Cuando Batman se mira al
espejo no ve felicidad ni reposo…Quizás vea al Joker, a la degradación humana
que portamos todos en nosotros mismos.
Se ven películas para comprender las
incógnitas que se nos presentan cuando nos miramos al espejo, cuando la mirada
devuelta es una incógnita en lugar de una confirmación. Cuando el espejo da
miedo. Entonces ver una película siempre es una sesión de psicoanálisis
aludiendo a los momentos de mirada al espejo. Cuidado con mirar al espejo, uno
puede esperar verse tranquilamente y que aparezca un conejo gigante anunciando
el fin del mundo…
Uno ve películas porque en cierto modo
quiere otra vida. Uno va al cine para ver si encuentra sin querer a su otro yo.
O a otros yoes. El cine como incitador bipolar de la sociedad, en el sentido de
que la gente consume el cine como evasión, como búsqueda, como suicidio, como
entretenimiento, como abstracción.
Uno de los motivos por los que se ve
cine es para tener la conversación sobre la película, cuantas veces sea, con
quien sea, repitiendo las mismas cosas una y otra vez. Pero, ¿con qué sentido?
Es muy difícil que en una conversación de cine, cuando se llega a un climax
común de entendimiento sobre lo que pasa en tal escena, se desarrolle algo
interesante. Suele suceder que nos volvemos un otro yo retraído y decepcionado
con la pasión. Si hay acuerdo con el clímax de la conversación cinéfila, ¿por
que no se da nada más que un acuerdo que fulmina el interés de seguir
explicando “lo que pasa”? El cine y la eskizofrenia. El acuerdo no genera
discusión, ni avance, sino un paro cardíaco. El cine sirve para no parar de
interpretar, para una vez alcanzado un acuerdo, revisar la escena a ver si encontramos
otro detalle que eleve el clímax, o lo destruya ¿Con qué intención? Con la de
sentir fuertemente algo. Algo que sin ser real tiene toda la pinta de serlo y
al menos deja que se hable de ello. El cine quiere que se hable de él, porque
quiere ser modelo, modelo de todo lo social, modelo de arte, modelo de modelos.
¿Cuánto de inefable es lo maravilloso? Lo mejor del
cine es inefable, sólo es admirable, sólo puede uno sentarse en la butaca y
esperar a que aparezcan las emociones. Esperar la alegría, la risa, el llanto,
la decepción, el terror, la melancolía… Sí, el cine es un sacacorchos de los
sentimientos. Y buscamos el que sea, da igual, queremos que nos saquen los
sentimientos, porque normalmente estamos más muertos que vivos, y en el cine
uno revive, se vive un poco más, aunque sea de forma eskizofrénica, aunque sea
de manera artificial y con un sacacorchos.
“Con la muerte en los talones” vivimos mucho tiempo, y
es admirable y entretenido cuando tiene aspecto cinematográfico. Hay relatos de
la vida de alguien que sólo son interesantes si se parecen a una película de
cine. Demencia bipolar de no aceptar la realidad a no ser que tenga aspecto de
ficción dirigida por el mismísimo Dios, guionista también de todas y cada una
de nuestras vidas, cuando adquieren formato cinematográfico.
Pero, ¿qué tiene el cine que nos vuelve locos? Digamos
que en tanto que arte, el cine nos coloca en ese lugar donde se juega el ser de
las cosas. Nos pone en esa brecha, en ese ring de lucha libre, donde se funda
el sentido entre la película y nosotros; un verdadero acto de creación, de
sentido y de realidad. La configuración audiovisual ante nosotros exige que
valoremos, que no sólo digamos eso es bueno o malo, o si me ha gustado o no,
sino algo más, una fundación de sentido de vida. Porque el cine, de algún modo,
como arte, es una fundación de vida, una exposición de las pasiones más
sufridas que son indecibles y busca de nosotros una lágrima o una sonrisa que
explique y funde de manera más explícita la propia sucesión de las imágenes.
La forma de la novela, que cuenta una trama de una
persona cualquiera, tan cualquiera que todo anónimo se identifica, que ya no es
un héroe quijotesco sino que ahora es el hombre y mujer común, supuso un cambio
y un síntoma importante en la sociedad del siglo XIX y XX. El protagonista deja
de ser un héroe específico para convertirse en el más normal de los mortales,
uno que representa a cualquiera, que no es especialmente feliz y que se ve
envuelto en una historia reveladora que otorga sentido a su vida. Una
configuración de una vida con un inicio que despliega los acontecimientos, un
nudo que configura la trama y un desenlace que otorga una moraleja. En
ocasiones el sentido es la moraleja clásica y en otras el sentido es la falta
de sentido, el sinsentido, lo que a su vez puede ser un síntoma de sentido...
El cine surge con la novela del siglo XX y ambas se convierten en tranquilizadoras
de sociedades que no encuentran su lugar y no son capaces de encajar su trama
vital en un contexto adecuado o en una sucesión de capítulos coherentes. La
gente pierde la expresividad, la gente ya no es capaz de contar sus historias
importantes. Hay una falta de comunicación. Hay vidas que tienen difícil
encontrar un inicio, un nudo y un desenlace que encajen temporalmente uno con
otro ligando algún tipo de sentido. Es decir, hay vidas caóticas y
verdaderamente eskizofrénicas. Una de las funciones sociales tanto de la novela
como del cine es ordenar este tipo de vidas anónimas cualquiera. Ordenan una
trama, con un inicio, nudo y desenlace conformando así un verdadero sentido a
esa vida. La masa, el mundo occidental en el siglo XX consume el cine
vorazmente porque piensa curar su vacío existencial con lo inefable y fabuloso
que tiene el cine. La gente que no era capaz de expresar sus sentimientos, la
gente que se sentía perdida, la gente que era incapaz de ubicarse en el mundo,
tenía ahora un referente audiovisual gigante.
El cine como narrador de la vida. El cine como centro
de acogida de masas y masas adormecidas incapaces de expresar, incapaces de
contar verdaderas experiencias. El cine como medicina contra la eskizofrenía.
Así, hemos encontrado al cine como lugar clave para
una explicación, a través del arte, del sentido de la vida, y el cine como
centro médico contra la angustia vital. Pero podemos ver el cine, por qué no,
como mero entretenimiento, como verdadera profesión artística, mero juego de
perspectivas. Cine como creación, como apertura a una pluralidad de miradas, miradas
plurales en sí mismas. Arte no cerrado y en constante movimiento de fuerzas que
dan lugar a unas formas u otras.
“Los auténticos actores son esa raza indomable que
interpreta los anhelos y fantasmas del inconsciente colectivo.” Ana Diosdado,
dibujante y humorista español.
¿Cuál es la bipolaridad del actor?
¿Cuándo se siente más uno mismo, cuándo es la persona o el personaje? ¿Cómo se
siente un personaje? ¿De qué manera se siente uno cuando deja de estar en
directo en un programa de televisión para volver, en el instante que se apaga
la luz roja, a sentir cómo se recobra la persona? Miren la genial actuación de
David Strathairn en “Buenas noche y buena suerte”, cuando se reorienta hacía sí
mismo, en el regreso extraño a ser una persona normal y corriente, instantes
después de ser un líder, una cara, un enemigo del poderoso.
Hay quien dice
que no le gusta el cine en blanco y negro, pero, ¿dónde sino en el cine en
blanco y negro se ruedan mejor las escenas del humo de los cigarrillos?
Ir al cine es toda una experiencia.
¿Han ido al cine sólos alguna vez? Ir al cine sólo es un alivio. Eliges la
película sin consensuar con nadie, compras la entrada diciendo aquello de: “una
para La escafandra y la mariposa por favor”. Y orgulloso de ser ese tío raro
que va al cine sólo, compras palomitas sabiendo que ninguna mano te ruborizará
o te molestará. Te sientas. Miras toda la sala y a todo el mundo. Te reafirmas
como cinéfilo solitario y agudizas todos tus sentidos para aprehender la
película. Ver una película sólo en el cine exige de uno mismo más que si vas
acompañado, donde puedes apoyarte en lo que digan los demás. En cualquier caso,
la sala de cine es un sitio muy peculiar. Se podrían rodar películas y
películas con todas las historias que suceden en las salas. Un lugar oscuro y
silencioso donde hay gente…y la gente es capaz de cualquier cosa.
Para hacer una película hace falta una
buena historia y estar loco. Sí, el cine y la bipolaridad van intrínsecamente
de la mano. Woody Allen se casó con su hija tras ver las películas que hacía y
lo guarro y divertido que era todo. ¡Un abrazo Woody! Vivir a través de las
historias que te inventas. Esos son los que hacen las películas. Los que las
piensan, los que las dirigen, los que las escriben… ¿De dónde se sacan las
buenas historias? De cualquier sitio. Se puede coger una historia sin interés y
edulcorarla de tal manera que la forma supere al contenido, que la suma de
simplezas adopte la mayor de las complejidades (eso es lo que suelen hacer los
Cohen). Otra cosa es lo que hace Julian Schnabel. Dar luz verde a vivir tu vida
tal y como quieras imaginártela. Una voluntad nietzscheana que no se arruga
ante los desastres de la vida, sino que se adapta y se quiere a sí misma.
Diciendo sí con un guiño cómplice. Guiñar a la vida. Guiñar al otro yo. Guiñar
al doble y dar rienda suelta a la afirmación de la locura. A veces hay que
estar en la cama sin moverse para convencerte de que volverte loco no es tan
malo.
O sí, que se lo digan a la gente de
Boston. Allí las películas porno se han prohibido. No gusta mucho esa trama del
fontanero que llega a casa para follarse a las mujeres.
¡Oh el cine! ¡Qué maravilla! Qué de historias nos cuenta.
Aquella historia de Buenos Aires de los 70 daría para una novela. Y para una película. Y para una película en
la que se escribiese esa novela…
Toda
esta parafernalia viene a decir que hay que estar muy loco para poder sacar
todo el jugo al cine, pero aun más ido de la olla hay que estar para no
interesarse por el cine. Porque el cine es nuestra bella locura compartida.
Buenas noches y buena
suerte.
Nota: Esto no sigue
ningún tipo de orden ni propósito. Un mero dar rienda suelta al experimento.
Las películas seleccionadas fueron seleccionadas por el capricho de otros.
Ninguna sufrió ningún daño durante la realización de este escrito.
Puestos a pedir, qué pelo recomiendas para este fin de semana?
ResponderEliminarCafé de Flore!!!
ResponderEliminarExcelente blog.
ResponderEliminarDigital Chip Informática le desea Felices Fiestas